No lo busqué. Lo encontré. Era tarde, el bar estaba casi vacío y él estaba solo en la barra. Camisa arremangada, manos grandes alrededor de un vaso que apenas tocaba. Cuando levantó la mirada y me encontró, no sonrió. Solo sostuvo mis ojos un segundo más de lo necesario. Fue suficiente. Sentí el golpe seco…